domingo, 21 de septiembre de 2014

Notas de Guión 2.

Funciones cardinales: Cronológicas y lógicas.

Catálisis: complementante.
Guión: Articulación lógica de escenas.

Funciones (complementan el nivel de la narración):
-Lógica de acción
-Función de personajes

TIEMPO: Organización de los tiempos del discurso (relato) y de la historia.

ASPECTO: De qué manera la historia puede ser percibida por el narrador y plantea qué tipo de narración se utiliza (omnisciente, testigo, etc.), o sea desde qué punto de vista se cuenta.

MODO: Observar si usamos pura representación, pura mostración, puros aspectos de la narración.


Nivel de acción:

Observamos: Actuación y lógica.

Nivel del discurso:

Cómo y Quién cuenta la historia.

La escaleta es un tipo de indice. En dos renglones se escribe el desarrollo de la escena.


ESFERAS DEL PERSONAJE

Un personaje puede estar descrito en tres esferas o círculos.
La mental, la corporal y la acción.
Por lo general hay una esfera o círculo que es más destacada que las otras.
Un personaje con la esfera mental más desarrollada que el resto podría ser un psicólogo, un filósofo.
Un personaje con la esfera corporall más desarrollada que el resto podría ser un patovica o un narcisista.
Un personaje con la esfera de la acción más desarrollada que el resto podría ser un deportista, un soldado.


IDEAS  (personaje-conflicto-tono)

La idea nos guía.

En el sentido semántico es una frase, una palabra o una expresión (lo que se dice).
En el sentido pragmático es el tono, el volumen de esa frase (cómo se dice).

Una idea simple pasa a una idea dramática cuando encontramos el conflicto de esa idea simple.

En un guión debe haber intereses opuestos con una situación inicial conflictiva que, luego de experimentar tensiones y distensiones a lo largo del relato, llegue a un final con la posible restauración del equilibrio. Al final, luego del conflicto, los personajes deberán evidenciar una transformación.

El conflicto surge cuando una fuerza de voluntad que aspira a su realización se encuentra con el surgimiento de una o varias fuerzas antagonistas que tiene que oponerse a la energía que genera el protagonista.
El conflicto del personaje puede ser contra: él mismo, otros personajes y/o con alguna cosa, como puede ser la Naturaleza.

Un personaje necesita tres parámetros para entrar en acción:
MOTIVO:  Dolor, hambre, etc.
INTENCIÓN: Robar una tarta, etc.
OBJETIVO: Anula el motivo, en este caso comer la tarta.

Tiene algo que no quiere. (Fuerzas de repulsión) Hay que juntar las partes en discordia.
No tiene algo que quiere. (Fuerzas afines) Hay que separar a las partes que se desean.

La distancia entre el motivo y el objetivo debe ser amplia para que haya un plan que lleve a la intención a eliminar el dolor.
La INTENCIÓN puede ser: Consciente o Inconsciente. Voluntaria o Involuntaria.
La consciente voluntaria es la que corresponde al esquema clásico de personaje, es la más dramática.
El modelo de personaje problemático se opone al modelo clásico , y nace en los años 60, como el antihéroe, sin motivo ni objetivos claros). Puede aparecer en una crisis social, existencial, etc., no vemos a un personaje feliz. Soporta los acontecimientos sin mostrar una voluntad de acción muy precisa. Actúan poco, reaccionan. No son capaces de generar acciones propias por un estímulo. Atraviesa situaciones como observador desilusionado, vagamente inquieto y sin rumbo.

También en una trama es posible que el motivo se frustre.

Si el conflicto se dilata resulta pesado. Si el conflicto se resuelve rápido se pierde el interés.

Para que el conflicto emerja la INTENCIÓN debe luchar contra los OBSTÁCULOS.
La dificultad es de naturaleza circunstancial y pone al personaje en movimiento.

La CONTRAINTENCIÓN es la intención de otro personaje que se opone al primero.

El CONFLICTO puede ser EXPLÍCITO (se ve claramente) o VELADO (se reconstruye en la cabeza del espectador comúnmente al final de la película).

La INTENCIONALIDAD ÚLTIMA (PREMISA según Lajos Egri) me sirve para saber qué se está contando e ir guiándome en el relato.

-Cuantos menos obstáculos tenga un personaje hacia su objetivo la película tiende a ser más corta.
-Procesos de reflexión y complicaciones (dificultades) crecientes.
-Necesidad de líneas de acción con una unión (en un corto la línea de acción es única y no tiene subtramas).

La idea dramática es como lo que está en la contratapa de los videos.


PARADIGMA DE FIELD:

Principio (1er. Acto): Planteamiento.
¿Quién es el personaje principal? ¿De qué trata la historia? ¿Cál es la situación?

1er. Nudo de la trama: Ocurre previamente al 2do. Acto. El es que hace que la acción gire en otra dirección.

Medio (2do. Acto): Confrontación.
Se muestra el conflicto y se desarrolla.

2do. Nudo de la trama: Clímax.

Final (3er. Acto): Resolución.


ESTRUCTURA DRAMÁTICA: Es una disposición lineal de los acontecimientos relacionados entre sí, que conducen a una resolución dramática.

INVESTIGACIÓN NARRATIVA:
-Consiste en la observación de situaciones reales semejantes a las que vivimos.
-Se consulta a profesionales en el tema.
-Se consulta a testigos de acontecimientos relacionados o similares.
-Lectura, material bibliográfico de apoyo.
-Se consulta material audiovisual.
-Se consulta material de archivo.
-También vale para documental.

Notas de Producción 2.

CARPETA DE PRODUCCIÓN DOCUMENTAL.

Debe contar con los siguientes items:

-Tema.
-Premisas: Qué fuente de inspiración, Maestros referentes, etc. (cosas que vayamos a demostrar en el documental).
-Investigación.
-Fuentes.

Luego una ESTRUCTURA SECUENCIAL.

   Secuencia       Tiempo          Imagen (qué se ve)        Sonido (qué se escucha)     Para qué

1
2
3
4
...


-Plan de rodaje (con límite de tiempo).
-Presupuesto mínimo: Material virgen
                                    Viajes.
                                    Elementos de rodaje.


Tema:
Para qué. Para quién. Cómo.
Se deben conocer minimamente las acciones que vamos a contar.

Investigación:
Bibliografía.
Archivos: Video, sonoro, fotográfico, etc.


Estructura:
Armado clásico: Presentación, confrontación, final.
Armado no clásico.


Guión final: Montaje.

Los "agujeros" en el material fílmico se pueden llenar con fotografías acompañadas de relato. Imágenes del lugar donde ocurrió, material del personaje (escritos, voz, etc.)

El documental es una actuación basada en las conclusiones derivadas de un trabajo de investigación (Rabiger).



jueves, 11 de septiembre de 2014

Anotaciones sobre clases de realización.

LA IDEA:

La idea es una expresión breve y concreta del conflicto (que complazca a quien la lea), una pincelada del personaje, del conflicto y del tono, en dos renglones.

Idea temática: Expresamos de antemano la temática a abordar.
Idea Estética: Cuando nos centramos en la parte estética y no tanto en lo narrativo.
Idea dramática: Se centra en el conflicto.

Cuando una idea nace desde los tres matices conjuntos estamos en presencia de una idea genial (como en El Ciudadano Kane).

Búsqueda de conflicto, en todas partes hay ideas y el conflicto siempre es indispensable.

Hay que luchar contra lo que ya se ha hecho en el arte.
El sonido es el único elemento exclusivo del tiempo. La imagen es el único elemento exclusivo del espacio.

El cine es un arte más temporal que espacial.
Siempre tengo que mostrar un cambio.
La linea general de la película debe estar dirigida al superobjetivo.
Que exista el conflicto no significa que haya problemas.
El conflicto indica dialéctica.
Ya hay un conflicto entre imagen y sonido.
Se debe optar por la credibilidad (coherencia) de los personajes ante el conflicto.

El cine no es filmar gente que habla (Alfred Hitchcock).

La imágen debe acompañar el sentido expresivo del diálogo.
El actor es un instrumento.

La MIRADA DE ORO es cuando los ojos del actor están un poco más arriba que la mitad del cuadro.
La ZONA DE ÓRBITA por lo común no tiene sentido dramático si la mirada de desplaza en esta zona, que es sobre la linea del tercio superior del cuadro. Al hacer que el personaje mire desde fuera de esta zona estamos sometiéndolo a nuestros mandatos de lenguaje. La zona de órbita es lo más objetivo y neutral y sobre todo se utiliza para reportajes.
Amar a los personajes.
No humillar a los personajes por nosotros mismos.

La actividad del director como intérprete es importantísima.

Trabaja sobre tres elementos: los personajes, la acción y la narración. (La ideología no varía. Lo dramático es siempre puntual y concreto).

CONFLICTO: se debe observar lo que ocurre al público frente al conflicto, comúnmente el espectador se interesa más cuando se manifiesta conflicto. El espectador debe comprender el conflicto, para poder interesarse y seguir la película. El espectador debe ir a la par del desarrollo de la película, porque si el desarrollo va muy rápido, el espectador no entiende; si el desarrollo va demasiado lento, el espectador se aburre.
Todo lo que está en pantalla es ACCIÓN DRAMÁTICA, y toda acción dramática es relativa al contexto: si no sirve para la narración, la acción que pusimos en tal plano debe quitarse.
Puede haber acción dramática con una inacción del personaje.

Cómo se muestra el conflicto? Mostrar lo que sienten los personajes. Ahorrar personajes. Darles más espacio y ocuparlos por ellos mismos, así serán más potentes.
El público debe creer en lo que ve para que tenga fe en lo que pasa.
LA ACCIÓN ESTÁ DADA POR EL CONTEXTO SOCIAL.
Debe transformar la realidad de acción en acción dramática.

El documental es una actuación basada en las conclusiones derivadas de un trabajo de investigación (Rabiger).

domingo, 26 de enero de 2014

Películas de Fantasmas y de Posesión Diabólica. (Qué sí y qué no!!!)

NO (o cuidarse de):
Exagerar con la levitación y la telequinesis.
Cuidado con el uso de la música.
Fotos cuyas figuras se mueven en su interior NO!!!
Trillado: Cumplir mitos y leyendas que se anuncian y cumplen en el mismo film (se puede romper con eso, jugar con la posibilidad de la leyenda y que resulte otra cosa).
Fantasmas demasiado visibles y audibles, con sombras y volúmenes. NO!
NO! a la imposibilidad absurda de no poder escapar y a la falta de señal en el celular o en el teléfono.
Un fantasma NO asusta porque sí, NO mata directamente. Indica algo, pero tampoco es tan elaborado el proceso de indicar, es más una sensación en aquellos personajes que son sensitivos.

SÍ:
Sutileza.
Plano fijo en bocas de oscuridad y de repente un paneo rápido a una sombra fragmentada y fugaz.
Susurros, llantos ahogados, lamentos de bebé.
Cuerpos fuera de foco.
Defectos ópticos (no abusar)
Fantasma que representa a algo o alguien más.
Ambigüedad.
Un ruidito rutinario (un tintineo en una taza que hacía determinado personaje ahora ausente) se repite sin causa aparente luego que ese personaje muere.
Las lucecitas también asustan.
Shadow people, star people.

sábado, 25 de enero de 2014

Claves de Agatha Christy.

-Neurolingüistica: Repite palabras clave en un párrafo o una página para programar al lector. Palabras como "interés" y sus derivados.
-Cuando el asesino es un hombre, la novela comprende de 20 a 30 páginas menos, mucho artículo "el" (el perro, el café, el carro, etc.). Vehículos: Tren, avión, barco.
-Cuando la culpable es una mujer: artículo "la". Vehículos: bicicleta, moto, lancha, etc.
-Lenguaje claro, el lector en vez de descifrar lo que quiso decir el escritor se vuelca de lleno a la intriga.
-Casi nunca usa: replicó, comentó, interrogó, cuestionó. Usa: dijo, habló.
-Hipnotiza al lector con lenguaje no académico.
-Menos descripciones hacia el final, la acción va in crescendo.
-La solución la sugiere vagamente al principio, disfrazada por su forma de narrar (pone velos, cubre).
-Centra mucho la atención en un personaje para girar a otro.
-La mente humana solo puede seguir hasta 9 argumentos a la vez, ella usa más de 10.
-Al principio hay casi siempre un cadáver.
-Confina a los sospechosos y todos tienen motivos para haber matado a la víctima.

martes, 21 de enero de 2014

Leyes cósmicas

1-Principio del Mentalismo (Creación con la Mente)
2-Principio de Correspondencia (Todo tiene que ver con Todo, como es Arriba es Abajo)
3-Principio de Vibración (Colores y estados de ánimo vibran)
4-Principio de Polaridad (Opuestos y Semejantes)
5-Principio del Ritmo (Ondas a un ritmo todo vibra)
6-Principio de Causa y Efecto
7-Principio de Generación (siempre hay un par de opuestos, lo femenino y lo masculino)

http://www.formarse.com.ar/articulos/las_7_leyes_cosmicas.htm

1. El Principio de Mentalismo
Dios creó el Universo con la Mente, por lo tanto El es Mente, y no puede crear otra cosa que mente, la semilla de naranja, da naranjo, Todo lo creado está involucrado en todo. Comprobamos que el Todo, el Uno, el Absoluto , como se quiera llamarlo, está substancialmente involucrado en todas las manifestaciones de la vida diaria al cual hemos denominado universo material a última instancia espíritu el cual es incognoscible , indefinible e indestructible, comprobamos también que es inteligente e infinito, con la única y primordial característica: expresar el Bien.
Al considerar su origen mental se explica el mundo de fenómenos mentales y psíquicos, sin explicación para el público en general
2. Principio de Correspondencia
" Todo tiene que ver con todo", cualquier aspecto de la Vida que queramos analizar, nos encontramos que de alguna manera esta relacionado con otro aspecto delavida.
Hay un axioma hermético que afirma : Como es arriba es abajo, como es abajo es arriba y recordemos a Platón que afirmaba que todo lo manifestado en el mundo material, es una copia imperfecta de lo que está en el plano arquetípico de las ideas.

3. Principio de Vibración
Uniendo este tema con el anterior comprobamos que en el universo todo vibra, las ideas de Platón, la Mente, llegando al átomo. El pensamiento positivo vibra a un nivel altísimo, sus colores son brillantes, claros, luminosos. El pensamiento negativo vibra despacio y sus colores son opacos. Los estados de ánimo vibran y lanzan al espacio esas vibraciones en sonidos y en colores. Todos los estados mentales se lanzan al exterior del cuerpo que los crea, van golpeando cuerpos afines como hacen los instrumentos musicales, y estas vibraciones afectan en bien o mal a otras mentes, aumentando los estados emocionales y mentales que está en tono con ella.
4. El Principio de Polaridad.
En el Universo todo es doble, tiene su opuesto, lo semejante, los opuestos son lo mismo, todas las verdades son medias verdades, toda oposición puede reconciliarse. Las tesis y las antitesis son idénticas en naturaleza. Dios es Padre - Madre, tiene los dos principios, luego es andrógino, son el Tai - Chi.
5. Principio del Ritmo.
En la Naturaleza todo el flujo y reflujo, como las ondas, como las olas, si hay cresta, hay vano, si hay vano tiene que haber una cresta. En el Todo, todo vibra, es el movimiento de la Vida. Al haber vibración tiene que haber ritmo. El equilibrio rítmico trae la armonía, en todas las cosas, en las personas.
6. El Principio de Causa y Efecto
Nada de lo que ocurre en la Vida, en las personas, en las cosas, ocurre espontáneamente. Todo tiene una causa, no hay causa sin efecto, ni efecto que no tenga una causa, en lo físico y en lo espiritual.
En lo físico lo vemos a cada instante, si explotó una caldera, el fuego; si se cae algo, el soporte no lo soportó. En lo espiritual, lo vemos en nuestro comportamiento con nuestro entorno. Muchedumbre que se dejan llevar por palabras o voluntades ajenas, una discusión, se produjo porque hubo una causa anterior, lo estamos viendo de continuo en nuestra vida.
7. El Principio de Generación
Todo lo que existe, ligado al Principio de Polaridad, produce generación, siempre hay un par de opuesto, el principio masculino y el principio femenino.
En el mundo cotidiano se manifiesta como "sexo", pero en el mundo invisible es solo "Principio" .-
En las Leyes aquí expuestas tan sucintamente está el funcionamiento del Universo, quien quiera conocer las filosofías de ellas, deben internarse en el conocimiento hermético, el cual tiene todas las soluciones de la Vida.
Justamente, para llegar a esas Leyes es el Conocimiento Espiritual, si dijimos que estas son para todo el Universo, de hecho estamos aceptando la pluralidad de los mundos. Naturalmente, también debemos admitir que no todos son iguales en Evolución.
Porque también la racionalidad no dice que el más antiguo debe ser mas evolucionado que otro mas moderno, o por haberse retrasado en su progreso.
Si aceptamos lo anterior la pregunta es: ¿Por qué uno es mas evolucionado que otro?
La respuesta es simple.- El que se adapta a las Leyes Universales en menor o mayor grado, de las que venimos hablando, lógicamente tendrá un diferente grado de Evolución, y cuando decimos que tiene que haber un mundo mas adelantado que el nuestro no hay una expresión que simplemente pueda negarlo.-
Entonces llegamos al punto en que es indispensable enseñar, aprender y aplicar el Conocimiento Espiritual.-
¿Pero quién enseña, de dónde sale ese Conocimiento Espiritual?
Un maestro para ser maestro, primero fue alumno, después se graduó y fue maestro.
Luego enseñó. Es como lo vemos en la vida diaria, así también ocurre en lo espiritual.
Todos somos alumnos. ¿ El aula?: es nuestro planeta tierra.-¿El tiempo de la graduación?.- Depende de nuestra aplicación y adaptación a las Leyes Universales.- ¿Cómo las conocemos? Hay una sola manera: vivirlas.- La experiencia es la base de la sabiduría.
Como la vida es tan corta para aprender tantas cosas se impone la Ley de Experiencias, que no es otra que la Ley de reencarnación.- Una y otra vez vuelve el alumno a la escuela de la Vida, nuestro amado planeta tierra; ¡ cómo no amarlo, si mediante él vamos a conseguir nuestra ansiada libertad eterna!
A través del tiempo se consigue la graduación, la Maestría, cuando el alumno vive en sí las Leyes Universales y Divinas y mediante una ceremonia que se realiza en el plano etérico, mas precisamente en el Templo de Luxor, se gradúa de Maestro Ascendido.-
Aquí está la respuesta a la pregunta de más arriba: de quién enseña y de dónde sale el Conocimiento Espiritual.-

lunes, 13 de enero de 2014

La Filosofía de la Composición (Poe) REMARCADA

Método de composición
*
Edgar Allan Poe




En una nota que en estos momentos tengo a la vista, Charles Dickens dice lo siguiente, refiriéndose a un análisis que efectué del mecanismo de Barnaby Rudge: "¿Saben, dicho sea de paso, que Godwin escribió su Caleb Williams al revés? Comenzó enmarañando la materia del segundo libro y luego, para componer el primero, pensó en los medios de justificar todo lo que había hecho".
Se me hace difícil creer que fuera ése precisamente el modo de composición de Godwin; por otra parte, lo que él mismo confiesa no está de acuerdo en manera alguna con la idea de Dickens. Pero el autor de Caleb Williams era un autor demasiado entendido para no percatarse de las ventajas que se pueden lograr con algún proce-dimiento semejante. Si algo hay evidente es que un plan cualquiera que sea digno de este nombre ha de haber sido trazado con vistas al desenlace antes que la pluma ataque el papel. Sólo si se tiene continuamente presente la idea del desenlace podemos conferir a un plan su indispensable apariencia de lógica y de causalidad, procurando que todas las incidencias y en especial el tono general tienda a desarrollar la intención establecida. 
Creo que existe un radical error en el método que se emplea por lo general para construir un cuento. Algunas veces, la historia nos proporciona una tesis; otras veces, el escritor se inspira en un caso contemporáneo o bien, en el mejor de los casos, se las arregla para combinar los hechos sorprendentes que han de tratar simplemente la base de su narración, proponiéndose introducir las descripciones, el diálogo o bien su comentario personal donde quiera que un resquicio en el tejido de la acción brinde la ocasión de hacerlo.
 A mi modo de ver, la primera de todas las consideraciones debe ser la de un efecto que se pretende causar. Teniendo siempre a la vista la originalidad (porque se traiciona a sí mismo quien se atreve a prescindir de un medio de interés tan evidente), yo me digo, ante todo: entre los innumerables efectos o impresiones que es capaz de recibir el corazón, la inteligencia o, hablando en términos más generales, el alma, ¿cuál será el único que yo deba elegir en el caso presente? Habiendo ya elegido un tema novelesco y, a continuación, un vigoroso efecto que producir, indago si vale más evidenciarlo mediante los incidentes o bien el tono o bien por los incidentes vulgares y un tono particular o bien por una singularidad equivalente de tono y de incidentes; luego, busco a mi alrededor, o acaso mejor en mí mismo, las combinaciones de acontecimientos o de tomos que pueden ser más adecuados para crear el efecto en cuestión. 


He pensado a menudo cuán interesante sería un artículo escrito por un autor que quisiera y que pudiera describir, paso a paso, la marcha progresiva seguida en cualquiera de sus obras hasta llegar al término definitivo de su realización. Me sería imposible explicar por qué no se ha ofrecido nunca al público un trabajo semejante; pero quizá la vanidad de los autores haya sido la causa más poderosa que justifique esa
laguna literaria. Muchos escritores, especialmente los poetas, prefieren dejar creer a la gente que escriben gracias a una especie de sutil frenesí o de intuición extática; experimentarían verdaderos escalofríos si tuvieran que permitir al público echar una ojeada tras el telón, para contemplar los trabajosos y vacilantes embriones de pensamientos. La verdadera decisión se adopta en el último momento, ¡a tanta idea entrevista!, a veces sólo como en un relámpago y que durante tanto tiempo se resiste a mostrarse a plena luz, el pensamiento plenamente maduro pero desechado por ser de índole inabordable, la elección prudente y los arrepentimientos, las dolorosas raspaduras y las interpolación. Es, en suma, los rodamientos y las cadenas, los artificios para los cambios de decoración, las escaleras y los escotillones, las plumas de gallo, el colorete, los lunares y todos los aceites que en el noventa y nueve por ciento de los casos son lo peculiar del histrión literario. Por lo demás, no se me escapa que no es frecuente el caso en que un autor se halle en buena disposición para reemprender el camino por donde llegó a su desenlace.
Generalmente, las ideas surgieron mezcladas; luego fueron seguidas y finalmente olvidadas de la misma manera. En cuanto a mí, no comparto la repugnancia de que acabo de hablar, ni encuentro la menor dificultad en recordar la marcha progresiva de todas mis composiciones. Puesto que el interés de este análisis o reconstrucción, que se ha considerado como un desiderátum en literatura, es enteramente independiente de cualquier supuesto ideal en lo analizado, no se me podrá censurar que salte a las conveniencias si revelo aquí el modus operandi con que logré construir una de mis obras. Escojo para ello El cuervo debido a que es la más conocida de todas. Consiste mi propósito en demostrar que ningún punto de la composición puede atribuirse a la intuición ni al azar; y que aquélla avanzó hacia su terminación, paso a paso, con la misma exactitud y la lógica rigurosa propias de un problema matemático.
Puesto que no responde directamente a la cuestión poética, prescindamos de la circunstancia, si lo prefieren, la necesidad, de que nació la intención de escribir un poema tal que satisficiera al propio tiempo el gusto popular y el gusto crítico. 
Mi análisis comienza, por tanto, a partir de esa intención. La consideración primordial fue ésta: la dimensión. Si una obra literaria es demasiado extensa para ser leída en una sola sesión, debemos resignarnos a quedar privados del efecto, soberanamente decisivo, de la unidad de impresión; porque cuando son necesarias dos sesiones se interponen entre ellas los asuntos del mundo, y todo lo que denominamos el conjunto o la totalidad queda destruido automáticamente. Pero, habida cuenta de que coeteris paribus, ningún poeta puede renunciar a todo lo que contribuye a servir su propósito, queda examinar si acaso hallaremos en la extensión alguna ventaja, cual fuere, que compense la pérdida de unidad aludida. Por el momento, respondo negativamente. Lo que solemos considerar un poema extenso en realidad no es más que una sucesión de poemas cortos, es decir, de efectos poéticos breves. Es inútil sostener que un poema no es tal sino en cuanto eleva el alma y te reporta una excitación intensa: por una necesidad psíquica, todas las excitaciones intensas son de corta duración. Por eso, al menos la mitad del "Paraíso perdido" no es más que pura prosa: hay en él una serie de excitaciones poéticas salpicadas inevitablemente de depresiones. En conjunto, la obra toda, a causa de su extensión excesiva, carece de aquel elemento artístico tan decisivamente importante: totalidad o unidad de efecto.
En lo que se refiere a las dimensiones hay, evidentemente, un límite positivo para todas las obras literarias: el límite de una sola sesión. Ciertamente, en ciertos géneros de prosa, como Robinson Crusoe, no se exige la unidad, por lo que aquel límite puede ser traspasado: sin embargo, nunca será conveniente traspasarlo en un poema. En el mismo límite, la extensión de un poema debe hallarse en relación matemática con el mérito del mismo, esto es, con la elevación o la excitación que comporta; dicho de otro modo, con la cantidad de auténtico efecto poético con que pueda impresionar las almas. Esta regla sólo tiene una condición restrictiva, a saber: que una relativa duración es absolutamente indispensable para causar un efecto, cualquiera que fuere. 
Teniendo muy presentes en mí ánimo estas consideraciones, así como aquel grado de excitación que nos situaba por encima del gusto popular y por debajo del gusto crítico, concebí ante todo una idea sobre la extensión idónea para el poema proyectado: unos cien versos aproximadamente. En realidad cuenta exactamente ciento ocho.
Mi pensamiento se fijó seguidamente en la elevación de una impresión o de un efecto que causar. Aquí creo que conviene observar que, a través de este trabajo de construcción, tuve siempre presente la voluntad de lograr una obra universalmente apreciable. Me alejaría demasiado de mi objeto inmediato presente si me entretuviese en demostrar un punto en que he insistido muchas veces: que lo bello es el único ámbito legítimo de la poesía. Con todo, diré unas palabras para presentar mi verdadero pensamiento, que algunos amigos míos se han apresurado demasiado a disimular. El placer a la vez más intenso, más elevado y más puro no se encuentra -según creo- más que en la contemplación de lo bello. Cuando los hombres hablan de belleza no entienden precisamente una cualidad, como se supone, sino una impresión: en suma, tienen presente la violenta y pura elevación del alma -no del intelecto ni del corazón- que ya he descrito y que resulta de la contemplación de lo bello. Ahora bien, yo considero la belleza como el ámbito de la poesía, porque es una regla evidente del arte que los efectos deben brotar necesariamente de causas directas, que los objetos deben ser alcanzados con los medios más apropiados para ello -ya que ningún hombre ha sido aún bastante necio para negar que la elevación singular de que estoy tratando se halle más fácilmente al alcance de la poesía. En cambio, el objeto verdad, o satisfacción del intelecto, y el objeto pasión, o excitación del corazón, son mucho más fáciles de alcanzar por medio de la prosa aunque, en cierta medida, queden también al alcance de la poesía. 
En resumen, la verdad requiere una precisión, y la pasión una familiaridad (los hombres verdaderamente apasionados me comprenderán) radicalmente contrarias a aquella belleza, que no es sino la excitación -debo repetirlo- o el embriagador arrobamiento del alma. 
De todo lo dicho hasta el presente no puede en modo alguno deducirse que la pasión ni la verdad no puedan ser introducidas en un poema, incluso con beneficio para éste; ya que pueden servir para aclarar o para potenciar el efecto global, como las disonancias por contraste. Pero el auténtico artista se esforzará siempre en reducirlas a un papel propicio al objeto principal que se pretenda, y además en rodearlas, tanto como pueda, de la nube de belleza que es atmósfera y esencia de la poesía. 
En consecuencia, considerando lo bello como mi terreno propio, me pregunté entonces: ¿cuál es el tono para su manifestación más alta? Éste había de ser el tema de mi siguiente meditación. Ahora bien, toda la experiencia humana coincide en que ese tono es el de la tristeza. Cualquiera que sea su parentesco, la belleza, en su desarrollo supremo, induce a las lágrimas, inevitablemente, a las almas sensibles. Así, pues, la melancolía es el más idóneo de los tonos poéticos. 
Una vez determinados así la dimensión, el terreno y el tono de mi trabajo, me dediqué a la busca de alguna curiosidad artística e incitante, que pudiera actuar como clave en la construcción del poema: de algún eje sobre el que toda la máquina hubiera de girar; empleando para ello el sistema de la introducción ordinaria. Reflexionando detenidamente sobre todos los efectos de arte conocidos o, más propiamente, sobre todo los medios de efecto -entendiendo este término en su sentido escénico-, no podía escapárseme que ninguno había sido empleado con tanta frecuencia como el estribillo. La universalidad de éste bastaba para convencerme acerca de su intrínseco valor, evitándome la necesidad de someterlo a un análisis. En cualquier caso, yo no lo consideraba sino en cuanto susceptible de perfeccionamiento; y pronto advertí que se encontraba aún en un estado primitivo. Tal como habitualmente se emplea, el estribillo no sólo queda limitado a las composiciones líricas, sino que la fuerza de la impresión que debe causar depende del vigor de la monotonía en el sonido y en la idea. Solamente se logra el placer mediante la sensación de identidad o de repetición. Entonces yo resolví variar el efecto, con el fin de acrecentarlo, permaneciendo en general fiel a la monotonía del sonido, pero alterando continuamente el de la idea: es decir, me propuse causar una serie continua de efectos nuevos con una serie de variadas aplicaciones del estribillo, dejando que éste fuese casi siempre parecido. Habiendo ya fijado estos puntos, me preocupé por la naturaleza de mi estribillo: puesto que su aplicación tenía que ser variada con frecuencia, era evidente que el estribillo en cuestión había de ser breve, pues hubiera sido una dificultad insuperable variar frecuentemente las aplicaciones de una frase un poco extensa. Por supuesto, la facilidad de variación estaría proporcionada a la brevedad de una frase. 
Ello me condujo seguidamente a adoptar como estribillo ideal una única palabra. Entonces me absorbió la cuestión sobre el carácter de aquella palabra. Habiendo decidido que habría un estribillo, la división del poema en estancias resultaba un corolario necesario, pues el estribillo constituye la conclusión de cada estrofa. No admitía duda para mí que semejante conclusión o término, para poseer fuerza, debía ser necesariamente sonora y susceptible de un énfasis prolongado: aquellas consideraciones me condujeron inevitablemente a la o larga, que es la vocal más sonora, asociada a la r, porque ésta es la consonante más vigorosa. Ya tenía bien determinado el sonido del estribillo. A continuación era preciso elegir una palabra que lo contuviese y, al propio tiempo, estuviese en el acuerdo más armonioso posible con la melancolía que yo había adoptado como tono general del poema. En una búsqueda semejante, hubiera sido imposible no dar con la palabra nevermore (nunca más). En realidad, fue la primera que se me ocurrió. El siguiente fue éste: ¿cual será el pretexto útil para emplear continuamente la palabra nevermore? Al advertir la dificultad que se me planteaba para hallar una razón válida de esa repetición continua, no dejé de observar que surgía tan sólo de que dicha palabra, repetida tan cerca y monótonamente, había de ser proferida por un ser humano: en resumen, la dificultad consistía en conciliar la monotonía aludida con el ejercicio de la razón en la criatura llamada a repetir la palabra. Surgió entonces la posibilidad de una criatura no razonable y, sin embargo, dotada de palabra: como lógico, lo primero que pensé fue un loro; sin embargo, éste fue reemplazado al punto por un cuervo, que también está dotado de palabra y además resulta infinitamente más acorde con el tono deseado en el poema. 
Así, pues, había llegado por fin a la concepción de un cuervo. ¡El cuervo, ave de mal agüero!, repitiendo obstinadamente la palabra nevermore al final de cada estancia en un poema de tono melancólico y una extensión de unos cien versos aproximadamente. Entonces, sin perder de vista el superlativo o la perfección en todos los puntos, me pregunté: entre todos los temas melancólicos, ¿cuál lo es más, según lo entiende universalmente la humanidad? Respuesta inevitable: ¡la muerte! Y, ¿cuándo ese asunto, el más triste de todos, resulta ser también el más poético? Según lo ya explicado con bastante amplitud, la respuesta puede colegirse fácilmente: cuando se alíe íntimamente con la belleza. Luego la muerte de una mujer hermosa es, sin disputa de ninguna clase, el tema más poético del mundo; y queda igualmente fuera de duda que la boca más apta para desarrollar el tema es precisamente la del amante privado de su tesoro. 
Tenía que combinar entonces aquellas dos ideas: un amante que llora a su amada perdida. Y un cuervo que repite continuamente la palabra nevermore. No sólo tenía que combinarlas, sino además variar cada vez la aplicación de la palabra que se repetía: pero el único medio posible para semejante combinación consistía en imaginar un cuervo que aplicase la palabra para responder a las preguntas del amante. Entonces me percaté de la facilidad que se me ofrecía para el efecto de que mi poema había de depender: es decir, el efecto que debía producirse mediante la variedad en la aplicación del estribillo. 
Comprendí que podía hacer formular la primera pregunta por el amante, a la que respondería el cuervo: nevermore; que de esta primera pregunta podía hacer una especie de lugar común, de la segunda algo menos común, de la tercera algo menos común todavía, y así sucesivamente, hasta que por último el amante, arrancado de su indolencia por la índole melancólica de la palabra, su frecuente repetición y la fama siniestra del pájaro, se encontrase presa de una agitación supersticiosa y lanzase locamente preguntas del todo diversas, pero apasionadamente interesantes para su corazón: unas preguntas donde se diesen a medias la superstición y la singular desesperación que halla un placer en su propia tortura, no sólo por creer el amante en la índole profética o diabólica del ave (que, según le demuestra la razón, no hace más que repetir algo aprendido mecánicamente), sino por experimentar un placer inusitado al formularlas de aquel modo, recibiendo en el nevermore siempre esperado una herida reincidente, tanto más deliciosa por insoportable. Viendo semejante facilidad que se me ofrecía o, mejor dicho, que se me imponía en el transcurso de mi trabajo, decidí primero la pregunta final, la pregunta definitiva, para la que el nevermore sería la última respuesta, a su vez: la más desesperada, llena de dolor y de horror que concebirse pueda.

Aquí puedo afirmar que mi poema había encontrado su comienzo por el fin, como debieran comenzar todas las obras de arte: entonces, precisamente en este punto de mis meditaciones, tomé por vez primera la pluma, para componer la siguiente estancia: 

¡Profeta! Aire, ¡ente de mal agüero! ¡Ave o demonio, pero 
profeta siempre! 
Por ese cielo tendido sobre nuestras cabezas, por ese Dios 
que ambos adoramos, 
di a esta alma cargada de dolor si en el Paraíso lejano 
podrá besar a una joven santa que los ángeles llaman 
Leonor, 
besar a una preciosa y radiante joven que los ángeles 
llaman Leonor". 
El cuervo dijo: "¡Nunca más!." 

Sólo entonces escribí esta estancia: primero, para fijar el grado supremo y poder de este modo, más fácilmente, variar y graduar, según su gravedad y su importancia, las preguntas anteriores del amante; y en segundo término, para decidir definitivamente el ritmo, el metro, la extensión y la disposición general de la estrofa, así como graduar las que debieran anteceder, de modo que ninguna aventajase a ésta
en su efecto rítmico. Si, en el trabajo de composición que debía subseguir, yo hubiera sido tan imprudente como para escribir estancias más vigorosas, me hubiera dedicado a debilitarlas, conscientemente y sin ninguna vacilación, de modo que no contrarrestasen el efecto de crescendo.
Podría decir también aquí algo sobre la versificación. Mi primer objeto era, como siempre, la originalidad. Una de las cosas que me resultan más inexplicables del mundo es cómo ha sido descuidada la originalidad en la versificación. Aun reconociendo que en el ritmo puro exista poca posibilidad de variación, es evidente que las variedades en materia de metro y estancia son infinitas: sin embargo, durante siglos, ningún hombre hizo nunca en versificación nada original, ni siquiera ha parecido desearlo. 
Lo cierto es que la originalidad -exceptuando los espíritus de una fuerza insólita- no es en manera alguna, como suponen muchos, cuestión de instinto o de intuición. Por lo general, para encontrarla hay que buscarla trabajosamente; y aunque sea un positivo mérito de la más alta categoría, el espíritu de invención no participa tanto como el de negación para aportarnos los medios idóneos de alcanzarla. 
Ni qué decir tiene que yo no pretendo haber sido original en el ritmo o en el metro de El cuervo. El primero es troqueo; el otro se compone de un verso octómetro acataléctico, alternando con un heptámetro cataléctico que, al repetirse, se convierte en estribillo en el quinto verso, y finaliza con un tetrámetro cataléctico. Para expresarme sin pedantería, los pies empleados, que son troqueos, consisten en una
sílaba larga seguida de una breve; el primer verso de la estancia se compone de ocho pies de esa índole; el segundo, de siete y medio; el tercero, de ocho; el cuarto, de siete y medio; el quinto, también de siete y medio; el sexto, de tres y medio. Ahora bien, si se consideran aisladamente cada uno de esos versos habían sido ya empleados, de manera que la originalidad de El cuervo consiste en haberlos combinado en la misma estancia: hasta el presente no se había intentado nada que pudiera parecerse, ni siquiera de lejos, a semejante combinación. El efecto de esa combinación original se potencia mediante algunos otros efectos inusitados y absolutamente nuevos, obtenidos por una aplicación más amplia de la rima y de la aliteración.
El punto siguiente que considerar era el modo de establecer la comunicación entre el amante y el cuervo: el primer grado de la cuestión consistía, naturalmente, en el lugar. Pudiera parecer que debiese brotar espontáneamente la idea de una selva o de una llanura; pero siempre he estimado que para el efecto de un suceso aislado es absolutamente necesario un espacio estrecho: le presta el vigor que un marco añade a la pintura. Además, ofrece la ventaja moral indudable de concentrar la atención en un pequeño ámbito; ni que decir tiene que esta ventaja no debe confundirse con la que se obtenga de la mera unidad de lugar. En consecuencia, decidí situar al amante en su habitación, en una habitación que había santificado con los recuerdos de la que había vivido allí. 

La habitación se describiría como ricamente amueblada: con objeto de satisfacer las ideas que ya expuse acerca de la belleza, en cuanto única tesis verdadera de la poesía. Habiendo determinado así el lugar, era preciso introducir entonces el ave: la idea de que ésta penetrase por la ventana resultaba inevitable. Que al amante supusiera, en el primer momento, que el aleteo del pájaro contra el postigo fuese una llamada a su puerta era una idea brotada de mi deseo de aumentar la curiosidad del lector, obligándole a aguardar; pero también del deseo de colocar el efecto incidental de la puerta abierta de par en par por el amante, que no halla más que oscuridad, y que por ello puede adoptar en parte la ilusión de que el espíritu de su amada ha venido a llamar... 

Hice que la noche fuera tempestuosa, primero para explicar que el cuervo buscase la hospitalidad; también para crear el contraste con la serenidad material reinante en el interior de la habitación. 
Así, también, hice posarse el ave sobre el busto de Palas para establecer el contraste entre su plumaje y el mármol. Se comprende que la idea del busto ha sido suscitada únicamente por el ave; que fuese precisamente un busto de Palas se debió en primer lugar a la relación íntima con la erudición del amante y en segundo término a causa de la propia sonoridad del nombre de Palas.
Hacia mediados del poema, exploté igualmente la fuerza del contraste con el objeto de profundizar la que sería la impresión final. Por eso, conferí a la entrada del cuervo un matiz fantástico, casi lindante con lo cómico, al menos hasta donde mi asunto lo permitía. El cuervo penetra con un tumultuoso aleteo. 

No hizo ni la menor reverencia, no se detuvo, no vaciló ni 
un minuto; 
pero con el aire de un señor o de una dama, colgóse sobre 
la puerta de mi habitación. 

En las dos estancias siguientes, el propósito se manifiesta aun más: 

Entonces aquel pájaro de ébano, que por la gravedad de su 
postura y la severidad 
de su fisonomía inducía a mi triste imaginación a sonreír: 
"Aunque tu cabeza", le dije, "no lleve ni capote ni cimera, 
ciertamente no eres un cobarde, lúgubre y antiguo cuervo 
partido de las riberas de la noche. 
¡Dime cuál es tu nombre señorial en las riberas de la noche 
plutónica". 
El cuervo dijo: "¡Nunca más!". 

Me maravilló que aquel desgraciado volátil entendiera tan 
fácilmente la palabra, 
si bien su respuesta no tuvo mucho sentido y no me sirvió de 
mucho; 
porque hemos de convenir en que nunca más fue dado a un 
hombre vivo 
el ver a un ave encima de la puerta de su habitación, 
a un ave o una bestia sobre un busto esculpido encima de la 
puerta de su habitación, llamarse un nombre tal como 
"¡Nunca más!". 

Preparado así el efecto del desenlace, me apresuro a abandonar el tono fingido y adoptar el serio, más profundo: este cambio de tono se inicia en el primer verso de la estancia que sigue a la que acabo de citar: 

Mas el cuervo, posado solitariamente en el busto plácido, 
no profirió..., etc. 

A partir de este momento, el amante ya no bromea; ya no ve nada ficticio en el comportamiento del ave. Habla de ella en los términos de una triste, desgraciada, siniestra, enjuta y augural ave de los tiempos antiguos y siente los ojos ardientes que le abrasan hasta el fondo del corazón. Esa transición de su pensamiento y esa imaginación del amante tienen como finalidad predisponer al lector a otras análogas, conduciendo el espíritu hacia una posición propicia para el desenlace, que sobrevendrá tan rápida y directamente como sea posible. Con el desenlace propiamente dicho, expresado en el jamás del cuervo en respuesta a la última pregunta del amante -¿encontrará a su amada en el otro mundo?-, puede considerarse concluido el poema en su fase más clara y natural, la de simple narración. 
Hasta el presente, todo se ha mantenido en los límites de lo explicable y lo real. 
Un cuervo ha aprendido mecánicamente la única palabra jamás; habiendo huido de su propietario, la furia de la tempestad le obliga, a medianoche, a pedir refugio en una ventana donde aún brilla una luz: la ventana de un estudiante que, divertido por el incidente, le pregunta en broma su nombre, sin esperar respuesta. Pero el cuervo, al ser interrogado, responde con su palabra habitual, nunca más: palabra que inmediatamente suscita un eco melancólico en el corazón del estudiante; y éste, expresando en voz alta los pensamientos que aquella circunstancia le sugiere, se emociona ante la repetición del jamás. El estudiante se entrega a las suposiciones que el caso le inspira; mas el ardor del corazón humano no tarda en inclinarle a martirizarse, así mismo y también por una especie de superstición a formularle preguntas que la respuesta inevitable, el intolerable "nunca más", le proporcione la más horrible secuela de sufrimiento, en cuanto amante solitario. La narración en lo que he designado como su primera fase o fase natural, halla su conclusión precisamente en esa tendencia del corazón a la tortura, llevada hasta el último extremo: hasta aquí, no se ha mostrado nada que pase los límites de la realidad. Pero, en los temas manejados de esta manera, por mucha que sea la habilidad del artista y mucho el lujo de incidentes con que se adornen, siempre quedan cierta rudeza y cierta 
desnudez que dañan la mirada de la persona sensible. Dos elementos se exigen eternamente: por una parte, cierta suma de complejidad, dicho con mayor propiedad, de combinación; por otra cierta cantidad de espíritu sugestivo, algo así como una vena subterránea de pensamiento, invisible e indefinido. Esta última cualidad es la que le confiere a la obra de arte el aire opulento que a menudo cometemos la estupidez de confundir con el ideal. Lo que transmuta en prosa -y prosa de la más baja estofa-, la pretendida poesía de los que se denominan trascendentalistas, es justamente el exceso en la expresión del sentido que sólo debe quedar insinuado, la manía de convertir la corriente subterránea de una obra en la otra corriente, visible en la superficie. Convencido de ello, añadí las dos estancias que concluyen el poema, porque su calidad sugestiva había de penetrar en toda la narración antecedente. La corriente subterránea del pensamiento se muestra por primera vez en estos versos: 

Arranca tu pico de mi corazón y precipita tu espectro lejos 
de mi puerta. 
El cuervo dijo: "Nunca más". 

Quiero subrayar que la expresión "de mi corazón" encierra la primera expresión poética. Estas palabras, con la correspondiente respuesta, jamás, disponen el espíritu a buscar un sentido moral en toda la narración que se ha desarrollado anteriormente. 
Entonces el lector comienza a considerar el cuervo como un ser emblemático pero sólo en el último verso de la última estancia puede ver con nitidez la intención de hacer del cuervo el símbolo del recuerdo fúnebre y eterno. 

Y el cuervo, inmutable, sigue instalado, siempre instalado 
sobre el busto plácido de Palas, justo encima de la puerta 
de mi habitación; 
y sus ojos parecen los ojos de un demonio que medita; 
y la luz de la lámpara, que le chorrea encima, proyecta su 
sombra en el suelo; 
y mi alma, fuera del círculo de aquella sombra que yace 
flotando en el suelo, 
no podrá elevarse ya más, ¡nunca más! 
 
1846